El agro es el principal factor de pérdida de biodiversidad y servicios ecosistémicos y de degradación de suelos, así como una de las mayores causas de cambio climático.

Todos hablamos de “sostenibilidad”, pero ¿qué significa esta palabra?

Para mucha gente, una actividad es sostenible si es amigable con el medio ambiente. De hecho, en el sector agropecuario, hablar de sostenibilidad “ambiental” es altamente relevante: a nivel global, el agro es el principal factor de pérdida de biodiversidad y servicios ecosistémicos y de degradación de suelos, así como una de las mayores causas de cambio climático. La agricultura, que representa el 70% de las extracciones de agua en todo el mundo, juega un papel importante en la contaminación de este recurso. Además, la correlación entre la pérdida de biodiversidad, la expansión de la ganadería y las enfermedades zoonóticas emergentes, como la COVID-19, está ampliamente demostrada.

Pero el agro no solo es una de las causas principales, sino que también es y será uno de los sectores más afectados por este cambio global, tal como lo sugieren recientes estudios sobre los enormes impactos económicos negativos del cambio climático y de la pérdida de servicios ecosistémicos claves en la producción agropecuaria.

Más allá de lo ambiental, la sostenibilidad del agro incluye otras dimensiones. Una dimensión económica: ¿es el agro capaz de generar suficientes ingresos para garantizar una vida digna al productor? ¿De evitarle un nivel de endeudamiento insostenible? Y una dimensión socio-territorial: ¿es el agro capaz de producir alimentos en la cantidad, con la calidad y los niveles de inocuidad suficientes para el hogar, la región, o el país? ¿Es el agro capaz de generar empleos de calidad, y de dinamizar los territorios y preservar los patrimonios culturales (gastronomía) y natural (paisajes)?

De hecho, la sostenibilidad del agro es multidimensional, porque el agro es multifuncional. Las condiciones para cumplir estas múltiples funciones, y a la vez alcanzar las múltiples dimensiones de su sostenibilidad, pueden parecer insuperables. Sin embargo, existen opciones.

Desde el lado productivo, por ejemplo, en una entrada precedente, ya hablamos de los principios de la agroecología: un modelo de producción que imita los ecosistemas y los procesos naturales en el desarrollo de la producción agropecuaria. Este es un modelo muy disruptivo ya que al proponer “soluciones basadas en la naturaleza” pero aplicadas al sector agro, las prácticas agroecológicas cuestionan radicalmente el conocimiento establecido y las prácticas implementadas en el marco del modelo agropecuario industrial de gran escala que ha sido dominante desde la Revolución Verde. No obstante, la agroecología está generando un interés político creciente, gracias a la creciente evidencia científica y el continuo respaldo de la comunidad internacional, por su capacidad de compatibilizar objetivos económicos, socio-territoriales y ambientales.

Para escalarse y cumplir sus promesas, la transición agroecológica requiere de otros enfoques innovadores que, en conjunto, constituyen los pilares de un cambio radical de paradigma para el desarrollo agropecuario sostenible.

  • Enfoque de paisaje. La restauración de varios servicios ecosistémicos difícilmente se puede lograr a nivel de parcela o de finca aislada, sino que requiere de la implementación de un enfoque de paisaje. Por ejemplo, para tener efectos en la regulación del ciclo del agua se debe pensar a escala de cuenca. Y para mejorar el control natural de plagas y la polinización, es necesario que la matriz paisajística pueda ofrecer hábitats a los organismos que brindan estos servicios naturales, y que, en las fincas aledañas, no se destruyan dichos organismos con biocidas.
  • Innovaciones de Mercado. Frente a las imperfecciones de las cadenas de valor convencionales, innovaciones de mercado (como los circuitos cortos, el direct trade, las tiendas de productores, las asociaciones de productores y consumidores, las compras institucionales locales, etc.), parecen necesarias para incentivar modelos de producción sostenibles, favorecer la inclusión de los agricultores familiares (en particular de los más pequeños) e incrementar sus ingresos, y mejorar la seguridad alimentaria de la población, proporcionando alimentos más inocuos y diversos.
  • Sistemas de Innovación Agrícolas con Enfoque Participativo. Los nuevos modelos de producción agroecológica y de mercado cuestionan radicalmente los sistemas de innovación agropecuaria convencionales, y requieren nuevos métodos y temáticas de investigación y extensión. Se necesitan más esfuerzos de investigación en modelos de producción no convencionales, con explícitos objetivos ambientales y sociales; en temáticas sociológicas como las innovaciones organizativas y de gobernanza; y de manera general, se requiere la implementación de enfoques multidisciplinarios en los procesos de investigación, como lo permite el método del diagnóstico agrario con enfoque sistémico, entre otros. También se requiere la implementación de métodos de generación y difusión de conocimiento con mayor participación de los productores. Para asegurar la relevancia de las soluciones generadas por la investigación, y por lo tanto fomentar su adopción, la investigación agropecuaria debe realizarse de manera colaborativa, co-creando con los productores soluciones efectivas a problemas identificados con ellos mismos. La difusión masiva de conocimiento dirigido a fomentar innovaciones agroecológicas y de mercado también requiere de mecanismos costo-efectivos y sin conflicto de interés, como por ejemplo los métodos de extensión horizontal, tipo “peer-to-peer” o “campesino-a-campesino”, que ya existen bajo forma presencial, y que podrían escalarse sustancialmente si se aprovechan adecuadamente las tecnologías digitales.
  • Nuevos marcos de resultados e instrumentos de evaluación. Finalmente, para abordar y entender adecuadamente la multifuncionalidad del agro y el carácter multidimensional de su sostenibilidad, también se requieren nuevos marcos de resultados y nuevos instrumentos de evaluación. Par ello, se han desarrollado métodos de evaluación multicriterio como el Instrumento para la evaluación del desempeño agroecológico de la FAO o los Indicadores de Sostenibilidad de Fincas del INRAE. Y nuevas herramientas ahora permiten medir indicadores biofísicos de manera costo-efectiva, como el Land Degradation Surveillance Framework desarrollado por el World Agroforestry, que utiliza la espectrometría y el machine learning para evaluar la salud de los ecosistemas.

 

Muchos de estos nuevos enfoques para el agro están incorporados en el “Proyecto de Innovación Agropecuaria Sostenible e Incluyente” recientemente aprobado en Panamá. Estos nuevos enfoques están vinculados a múltiples indicadores del Marco de Resultados Corporativos 2020-2023 del Grupo BID, y a los Objetivos de Desarrollo Sostenible asociados. Adoptarlos ampliamente permitirá incrementar nuestra contribución al desarrollo sostenible de la región.

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